jueves, 26 de julio de 2012

La catedral de Justo Gallego



Dicen que la fe mueve montañas, y bien se podría decir que levanta monumentos, como es el caso de Justo Gallego, que lleva casi 50 años construyendo una enorme catedral el solo que no tiene nada que envidiar a cualquier edificio religioso de cualquier punto de la geografía española.
Justo desde siempre ha tenido una profunda vocación religiosa, por ello a la edad de 25 años decide dedicar su vida a Dios y entró en el Monasterio de Soria para convertirse en monje. Pero al enfermar de tuberculosis  tuvo que abandonar su sueño y volver a su pueblo, Mejorada del Campo en Madrid, por miedo a contagiar al resto de religiosos.
Aunque la vida le jugó una mala pasada, este hombre juró que si se curaba de su enfermedad construiría una catedral en honor a la Virgen del Pilar, y así mismo comenzó un 12 de octubre de 1961 su andanza, poniendo ladrillo tras ladrillo el solo con alguna ayuda esporádica.
Justo no es arquitecto, ni ingeniero, es más, tampoco tiene ninguna formación relacionada con el mundo de la construcción. Tan solo es un pobre hombre que dejó de ir a la escuela con 10 años porque la guerra le arrebató a su padre y tuvo que ayudar a su madre en la labranza del campo.
La catedral del loco, como la llaman los vecinos de la localidad madrileña, tan solo ha sido financiada por el dinero que consiguió su autor por la venta de unas tierras y los donativos desinteresados de quienes hayan querido colaborar. Aunque parezca extraño es el único monumento religioso que la Iglesia no ha financiado, por ello, en su gran mayoría está hecha con materiales reciclados.
Lo más probable es que Justo no vea acabada su obra, pero siempre nos quedará lo que intentó inculcarnos con ella: luchar por lo que creemos hasta el final, y contra eso no hay crisis económica que pueda.



lunes, 16 de julio de 2012

Rosalinda Powel Fox: una vida para desafiar la muerte

Aunque esta mujer ya ha sido mencionada en el post anterior, su historia me tiene cautivada y por eso creo que se merece uno para ella sola. Su gran éxito, dejando a un lado los conflictos políticos de su época en los que se vio fielmente involucrada, fue vivir hasta los 96 años disfrutando cada minuto como si fuera el último, luchando día a día contra su enfermedad.
Rosalinda Powel Fox nació a principios del pasado siglo en el seno de una familia inglesa acomodada que vivía en Calcuta. Se casó tan sólo con dieciseis años con un comerciante rico con el que tuvo a uno de los grandes amores de su vida: su hijo Johny. Dos años después de ser madre la enfermedad truncó su vida matrimonial; contrajo tuberculosis bovina y su marido se deshizo de ella como si se tratara de una muñeca vieja: la mandó primero a Inglaterra y después a Suiza con una jugosa pensión.
Su vida no fue sencilla, pero fue feliz. Las recaídas eran constantes, pasaba meses enteros postrada en una cama danzando de país en país para que los médicos le dieran una solución a su terrible calvario y por si no tuviera suficiente su marido aparecía de vez en cuando  para hacer de su existencia un martirio. Sin embargo, siempre mantuvo intacta su sonrisa y disfrutó hasta el último momento al máximo en su flamante Austin 7.
A pesar de lo que pueda parecer, Rosalinda no era una muñequita frágil , era fuerte y bastante idealista. De hecho, esta delicada rubia estuvo en la lista negra de la Gestapo durante la Segunda Guerra Mundial por ser espía del Gobierno inglés. Su objetivo no era otro que, a la sombra como la amante de Juan Luis Beighbeder ,ministro de Asuntos exteriores los primeros años de la dictadura franquista, conseguir que España no se aliara con Alemania durante la guerra.
Acabó sus días como creo que a todos nos gustaría acabar. Con la satisfacción de haber llevado la vida que quiso, en una casita frente al Estrecho contemplando, aunque de lejos Tetuán: la tierra en la que fue tan feliz al lado de  Juan  Luis su gran amor.


jueves, 5 de julio de 2012

El tiempo entre costuras

 Las vivencias que cada persona tiene en su vida configuran su forma de ser, y nada es casual, en realidad todo siempre acaba ocurriendo por algo. Con la historia pasa lo mismo, todos los acontecimientos son solo  el resultado de un cúmulo de circunstancias, cada paso y cada decisión configura el resultado.
Sobre esta idea se asientan los cimientos de la novela "el tiempo entre costuras". Las decisiones y los hechos que tienen lugar en la vida de la protagonista configuran su forma de ser, y de alguna manera, también contribuye a escribir un capítulo de la España de posguerra: las alianzas y las continuas ayudas entre Franco y la Alemania nazi.
Sira no es un personaje trascendente en la historia, no es ni de izquierdas ni de derechas,tan solo es una modista que se ve desamparada, arruinada y lejos de su patria por haberse dejado llevar por sus sentimientos. Sin embargo, haberse ido de España justo en el momento oportuno antes de la guerra civil, le da una oportunidad: puede volver a empezar y convertirse en una de las modistas más prestigiosas de Tetuán.
En su pequeño taller de costura empieza a recibir a extranjeras de vida ostentosa que viven ajenas a la guerra española y al conflicto europeo que está a punto de comenzar: alemanas, inglesas y judías ricas entre otras empiezan a desfilar por su nuevo negocio buscando prendas exclusivas para sus eventos y para su nueva vida en el exilio lejos de la decadente Europa. Entre y las idas y vueltas de sus clientas Sira conoce a una persona que le cambia la vida: Rosalinda Fox, una inglesa acomodada amante de Juan Luis Beigbeder, el que más tarde se convertirá durante el gobierno de Franco en ministro de Asuntos Exteriores.
Esta mujer menuda, enferma de tuberculosis bovina, tuvo un papel fundamental durante la Segunda Guerra Mundial, ya que además de servir como espía para el servicio británico, influencia a Beigbeder en su etapa de ministro para que evite que España se una a Alemania durante en conflicto bélico. 
La amistad de Rosalinda con Sira  surge de forma casual pero es la pieza clave del desarrollo de la novela y gracias a ella la autora nos sumerge en el mundo de espionaje de la España de posguerra; un país en el que convivían la gente humilde que se moría de hambre,la que no paraba de llorar a sus muertos, los perdedores que vivían con el miedo aferrado a los huesos esperando el momento de su famoso "paseo"y los nazis y ricos afines al régimen que campaban a sus anchas de fiesta en fiesta en la "Nueva España".   
La novela engancha desde la primera página, se aprenden muchas cosas a la vez que te entretienes, pero sobre todo sentimientos como la lealtad, la amistad y el amor, la red que nos salva del abismo de la vida, hacen que disfrutes de cada página .