lunes, 2 de diciembre de 2013

Dieta económica y ecológica ¿es posible?

Son muchos los expertos que aconsejan incluir alimentos ecológicos en nuestra dieta. Y es que, comer un tomate que ha crecido en la rama tomándose su tiempo a uno que lo ha hecho en un mes, o comprar un pollo que corre por el campo en libertad a optar por otro engordado en granja inflado de hormonas, da a la larga beneficios importantes para la salud y nos ayuda a ser más respetuosos con los animales y con el medio ambiente.
Es obvio que un alimento que no es tratado con ningún producto químico hace que nuestro cuerpo absorba mejor los nutrientes y que no llegue a convertirse en un almacén de residuos tóxicos. Sin embargo, también es una realidad que, aunque España es una de los países que más productos ecológicos produce, sólo suponen el 1% del mercado alimentario español.
Son varias las razones por las que las cifras de consumo de estos maravillosos alimentos son tan bajas. La principal es que la diferencia de precios de productos convencionales a los ecológicos es del 75%. Sin embargo, en países como Alemania este porcentaje es del 9%, por eso se explica que su consumo sea mayor que el nuestro, la sociedad pueda estar más concienciada y haya más establecimientos que vendan alimentos ecológicos.
A pesar de los pesares, cada vez hay más gente preocupada por el impacto medioambiental de los pesticidas y fertilizantes de la producción convencional de alimentos, y que valora .más su salud y su dieta por encima de todo. De hecho, el mercado de este tipo de productos no para de crecer. Según un estudio realizado por la consultora Everis, el aumento de alimentos ecológicos es del 12% anual hasta el 2020, ya que el 65% de la población asegura que le gustaría que en su carro de la compra diario hubiera productos más respetuosos con el medio ambiente y con su salud.
Una buena alternativa, si lo que queremos es comer más sano y que nuestra cocina sea sostenible sin arruinarnos en el intento, podemos optar por lo que se denomina una cocina de proximidad. Se trata de elegir alimentos que se han cultivado en tierras cercanas y que son de temporada. De esta forma se ahorra toda la contaminación derivada del transporte y los fertilizantes y productos que se utilizan en un invernadero para tener de todo todo el año.
Otro truco es huir de las grandes superficies e ir directamente a comprar a los productores. Aunque sea más pesado, nos aseguramos un producto de calidad al mejor precio y sin intermediarios que se enriquecen a nuestra costa.
Siempre se puede llegar a un punto medio entre lo sostenible y saludable y lo que nuestro bolsillo en tiempos de crisis se puede permitir. Solo hay que ser más considerado con lo que consumimos.





   

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