martes, 7 de marzo de 2017

Vrankrijk: los okupas que compraron su casa

Cuando luchar contra el sistema es imposible lo único que queda es vencerle jugando con sus propias reglas. Bajo esta premisa los okupas de la casa Vrankrijk (Ámsterdam) decidieron en 1992 adquirir el edificio después de llevar diez años viviendo en su interior.
Si algo caracteriza al movimiento okupa es estar en contra de la propiedad privada, sin embargo, en este caso se recurrió a ella para evitar un mal mayor: la construcción de apartamentos de lujo que se alquilaran o vendieran a precio elevado y así  continuar con la dinámica de especulación del terreno en la ciudad. A cambio los nuevos inquilinos han conseguido que este lugar sea conocido mundialmente como un punto de encuentro en el que, aparte de disfrutar de cerveza a precio asequible y de deliciosos platos veganos, se puede escuchar música punk y debatir sobre globalización.
Sin embargo las actividades políticas de Vrankrijk tienen su lado oscuro y generaron bastante controversia en los años 2002-2003 cuando se encontró allí refugiado al cantante de Kop Juan Manuel Rodríguez acusado por la justicia española de colaborar con el comando Barcelona de ETA. Inmediatamente fue detenido y los okupas de esta casa se vieron envueltos en manifestaciones del Segi, tramo juvenil de la ilegalizada Batasuna, que reivindicaban su liberación y la independencia de País Vasco.

Ilegalización de la ocupación en Holanda

La decisión de los okupas de Vrankrijk fue muy importante para sobrevivir a la situación actual puesto que la ocupación fue ilegalizada en 2010 después de ser una actividad legal durante años y de incluso contar con una ministra de cultura que había pertenecido al movimiento okupa dentro del Gobierno.
Antes del 2010 se podía okupar una vivienda solo con demostrar que llevaba vacía más de doce meses, sin destruir la propiedad y con un mobiliario mínimo. Para evitar que se ocuparan sus propiedades los propietarios recurrían a empresas que alquilaban las viviendas por rentas ridículas a personas sin recursos siempre y cuando estas renunciaran a cualquier derecho y se las pudiera echar en cualquier momento.
A partir de su ilegalización esta actividad ha sido constantemente perseguida llegando a vaciarse hasta 300 edificios en 2012 y muchas de estas personas se han enfrentado a penas de hasta tres años de cárcel.
Lo que empezó en los años 80 como un movimiento protesta por la escasez de viviendas y por la especulación del suelo, cada vez tiene menos simpatizantes, de hecho de las 35 oficinas de ocupación que había en el año 85 en la actualidad solo quedan tres. El consumismo ha dejado su huella en una de las ciudades más liberales del mundo y solo unos pocos valientes siguen la aventura de ser okupa en Ámsterdam.


La casa situada en pleno centro de Amsterdam fue ocupada en 1982 para frenar la especulación


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